Están diseñados para soportar tensiones elevadas, generalmente superiores a los 35 kV, lo que los hace esenciales para transportar electricidad a largas distancias desde las centrales generadoras hasta los puntos de consumo, garantizando eficiencia y seguridad en la operación de redes eléctricas.

Estos cables están compuestos por tres conductores uno para cada fase eléctrica que pueden estar agrupados y aislados de manera especial para soportar los niveles de tensión, las condiciones ambientales y los esfuerzos mecánicos a los que son sometidos.

Su construcción incorpora materiales de alta calidad como conductores de cobre o aluminio, aislamientos especializados y sistemas para controlar campos eléctricos, como conos de alivio en los extremos, que previenen daños por concentraciones de voltaje.

La importancia de los cables tripolares de alta tensión radica en varios aspectos fundamentales.

Primero, permiten la transmisión eficiente de grandes cantidades de energía con pérdidas mínimas debido a la alta capacidad y aislamiento que poseen.

Segundo, su diseño especializado garantiza la seguridad en la instalación y operación, evitando fallas eléctricas que podrían ocasionar cortes de suministro o riesgos a las infraestructuras y personas.

Además, su resistencia y durabilidad aseguran una vida útil prolongada, reduciendo costos de mantenimiento y reemplazos.

Estos cables son especialmente relevantes en sistemas eléctricos urbanísticos, industriales y de infraestructura crítica, donde se requiere un suministro eléctrico confiable y continuo.

Su uso es habitual en redes subterráneas o en ductos, ayudando a minimizar impactos visuales y proteger las instalaciones frente a condiciones ambientales adversas.

Son vitales para la distribución segura y eficiente de energía eléctrica en sistemas trifásicos, contribuyendo al funcionamiento estable de las redes eléctricas modernas y al desarrollo de infraestructuras eléctricas confiables y sostenibles.